Sólo nos quedaban 6 kilómetros para llegar a Gulmit, en el Alto Hunza, tras pasar un puente sobre el río Hunza y avanzar unos cientos de metros vimos parte de un glaciar desplomado sobre la carretera, los habitantes de los pueblos cercanos habían construido un desvío entre piedras y arena, en un principio no parecía muy complicado para nuestra furgoneta pero al llegar al último tramo, una pronunciada cuesta, un militar nos dijo que quizá no podíamos subirla. Ahora recuerdo muy claramente lo que respondía al militar, "I try". Y vaya que lo intenté, pero en las dos primeras ocasiones me fue imposible llegar al final de la cuesta, había piedras puntiagudas y las ruedas me patinaban por la arena. Se me ocurrió quizá la peor idea, coger carrerilla desde abajo sin preocuparme de las piedras, me quedé sólo a 5 metros del final de la cuesta y unos hombres me ayudaron empujando, para poder llegar hasta el final, lo habíamos conseguido pero, tras el descanso, al intentar arrancar de nuevo, noté que el embrague iba demasiado blando y la maquina no avanzaba, enseguida me di cuenta, "Silvia, hemos jodido el embrague", en un principio nos quedamos blancos aunque reaccionamos bastante rápido. El aspecto positivo de tener muchos problemas es que al final tomas decisiones rápidas, sin rebozarte mucho en desgracias. Un tractor nos llevo revolcados hasta el hotel Silk Route de Gulmit, donde pasaríamos 9 días hasta poder seguir camino.

En el hotel conocimos a Jesse y Bashir, el primero de ellos era de Canadá, acababa de terminar su proyecto con la O.N.U en el terremoto de Cachemira, una de esas personas que le hacen preguntarse a uno "que estoy haciendo con mi vida", un tío muy agradable, nos estuvo contando lo duro del trabajo en Cachemira, muchos de los voluntarios eran montañeros que debían jugarse la vida escalando las montañas de la región para llegar a los pueblos afectados, hacer un informe de las necesidades e informar de la localización GPS, para que luego un helicóptero lanzara los necesario desde el aire.

Por otro lado Bashir, un guía de montaña, que nos proporcionó a los mejores mecánicos de Hunza, un entrañable ser humano con el que más adelante coincidiríamos en Karimabad, iniciando una bonita amistad.

 

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Parte del glaciar derrumbado sobre la K.K.H
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Improvisado remolque tras la rotura del embrague