Nadie entendía muy bien porque nos habían parado allí en vez de en Summur, el lugar de los restaurantes, y los coches y los camiones se amontonaban por todas partes. El guía y el fotógrafo fueron los primeros en partir, media hora después de que llegásemos nosotros, luego le tocó el turno a otros dos coches y por fin a nosotros, todo era bastante extraño.

En un cuarto de hora llegamos a Summur, allí estaban todos lo coches que habían pasado antes de nosotros. Se trata de la típica parada de carretera, restaurantes a los lados de un arroyo que baja con fuerza desde la garganta, y alguna tienda donde comprar tabaco y poco más. Nos acomodamos en el restaurante más cercano al puente, en vez de sillas una especie de camastros cumplían su función, más de uno después de comer se recostaba allí mismo a echarse la siesta. Rafa se dio una vuelta por la cocina y escogió tres platos de comida indicando directamente a las ollas, era la mejor manera de escoger teniendo en cuenta que allí nadie hablaba inglés. La comida fue deliciosa, nada picante, muy sabrosa.

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Poco a poco se fue acercando gente a nuestro alrededor, entre ellos unos policías que nos indicaron que debíamos seguir esperando, que cuando el presidente sobrevolara en dirección sur podríamos seguir, ellos nos avisarían. Y así fueron pasando los minutos y las horas, Rafa se recostó sobre el camastro un buen rato, yo mientras intentaba saciar la curiosidad de los presentes. Cuando Rafa se despertó le pasé el relevo y me fuí con la cámara a dar un paseo, le había echado el ojo a un camión aparcado a cincuenta metros, una obra de arte, me acerqué y charlé un rato con el conductor que gustoso se dejó fotografiar, el hombre estaba orgulloso de su camión, él mismo lo había decorado.

Otros dos policías llegaron en coche, nada, a seguir esperando, seguramente no nos moveríamos de allí antes de las cinco de la tarde, es decir, casi de noche; estos últimos policías me invitaron a sentarme con ellos e insistieron en compartir un té, ya debía ser el décimo que me tomaba allí, todo el mundo nos invitaba sin parar. Estuvimos un rato charlando, eran bastante serios, y cuando se fueron pagaron nuestra comida, imagino que por gentileza del gobierno pakistaní... jejeje

El fotógrafo chino ya no sabía qué fotografiar, otra pareja de guiris desesperaba en una terraza y Rafa y yo nos lo tomamos con calma y comenzamos a hacernos a la idea de que dormiríamos en Chilas esa noche. Por fin uno de los policías nos hizo la señal de que podíamos continuar, aquello parecía una carrera de coches, todo el mundo se lanzó a su vehículo y la carretera se llenó en unos segundos, posiblemente no hayamos visto más tráfico en la KKH que en ese momento. Uno de los hombres con los que habíamos estado conversando nos pidió que le llevásemos a Chilas, los tres nos subimos a la furgo y nos dispusimos a partir, entonces uno de los policías se acercó y empezó a hacerle preguntas al hombre en un tono un poco hostil, tuvo que enseñar documentación y dar muchas explicaciones para que le dejaran viajar con nosotros, ¡con la cara de bueno que tenía el pobre!

Camión en Summur