Les explicamos el problema con nuestras ruedas y enseguida fuímos a buscar una de repuesto, lo que fue una auténtica odisea, iba sentado entre el capitán del cuartel y otro hombre, en un jeep antiguo, dando botes, aunque al menos ya no llamaba la atención demasiado. El caso es que no tenía suficiente dinero para pagar, así que me lleavaron a un callejón oscuro, de donde salió un hombre enorme y barbudo a los pocos minutos, ellos gritaban y yo no entendía nada, cogían mis dolares y hacían corrillos, murmurando, seguramente sobre el cambio que me tenían que dar, aunque yo lo tenía bien claro y no iba a permitir que me engañasen, aunque por otro lado estaba como en una nube, me preguntaba que hacía yo en esta situación, pero resultaron gente honrada y me lo dieron exactamente tal y como era, pero noté lo que les gusta el dinero a esta gente, con las mismas volvimos a por la rueda, que ya la tenían preparada, no era ni del tamaño ni del peso que tenía que soportar, pero encontrar una rueda igual era imposible, así que nos tuvimos que conformar, no nos quedaba otra solución hasta que llegásemos a Quetta. Por fin llegamos al cuartel, podíamos seguir camino al día siguiente, que era lo más importante, nos metimos en un despacho y por fin respiramos un poco, Silvia había estado hablando con los demás oficiales y al llegar parecía que había hecho migas con ellos.

Ya en el despacho lo primero que hicieron fue sacar una botella de Whisky y beberse uno en dos minutos, luego se pusieron otro, nosotros bromeamos diciéndoles que para los musulmanes esta prohibido el alcohol, ellos se rieron, desde luego si no hubiese estado tan agotado les hubiera acompañado, también me ofrecieron hachis, desde luego eran unos figuras, vaya piezas. Cuando notamos que ya se les empezaba a ir la olla decidimos irnos a dormir, la primera toma de contacto con el país había sido extenuante.

Al día siguiente, después de saciar su curiosidad, continuamos camino, nos hiceron escolta hasta el final del pueblo, después nos quedaban 400 Km por delante hasta Quetta, por una carretera muy estrecha, en muchos tramos sin asfaltar, cubierta de arena del desierto en otros y con un calor asfixiante. Pero lo que no podíamos ni imaginarnos es que pincharíamos de nuevo, era la gota que colmaba el vaso, nos desmolarizó muchísimo, teníamos que recorrer los últimos 200 Km sin rueda de repuesto, unos hombres nos ayudaron sin que se lo pidiésemos, después nos pidieron unos bolígrafos.

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