Cuando cerramos la puerta de la habitación del Bloom Star Hotel de Quetta me vine abajo, tanto física como psicológicamente, el camino hasta la capital baluchi había sido demoledor, primeramente por el paso de la provincia de Sistán-Baluchistán en Irán y por la ciudad de Zahedan, una ciudad fuera de la ley muy cercana a Afganistán y a Pakistán, aquí los conflictos entre sunis y chiies están a la orden del día y el opio, procedente de Afganistán se pasea en abundancia por las calles, afortunadamente parte del trayecto lo hicimos escoltados, aunque los últimos 65 Km hasta el puesto fronterizo con Pakistán los tuvimos que recorrer solos, nadie nos ofreció escolta, cuando se suponía que era la parte más peligrosa, el panorama era desolador y desalentador, desierto y mucho viento que arrojaba arena y suciedad a la furgoneta. Los trámites fronterizos fueron bastante rápidos en ambos lados de la frontera. Dos agentes pakistaníes nos lo hicieron un poco más fácil y nos quitaron algunos miedos que traíamos a cuestas, con ellos tomamos nuestro primer té con leche típico de Pakistán y mantuvimos una agradable charla, hasta que decidimos continuar camino hasta Dalvandin, donde teníamos la dirección de una casa de huespedes, cambiamos algo de dinero, obviamente nos timaron, siempre ocurre en las fronteras, pero necesitábamos algunas rupias por si surgía algún imprevisto.

Debimos de haber hecho caso al agente que nos recomendó quedarnos en Taftan (a pocos kilómetros de la frontera), para la mañana siguiente temprano continuar camino a Dalvandin. En 300 Km hasta Dalvandin tuvimos un reventón y otra rueda se nos deformó peligrosamente, los últimos 100 Km los hicimos sin respirar, quedarnos en esta desolada región atrapados constituía un peligro muy real, no había coches, la tormenta de arena tapaba una carretera ya horrible de por sí y sí esto no fuera suficiente Baluchistan es una región al margen de la ley, controlada por los baluchi, que tienen celulas terroristas activas en esta zona, ya teníamos referencias de un secuestro de dos turistas portugueses. Por fortuna llegamos caída ya la noche y nada más entrar al pueblo un coche de policía nos escoltó hasta su cuartel a través del pueblo, que estaba repleto de gente. Tuvimos un pequeño respiro, que duró poco, habíamos salido de Irán a las 8 A.M y parábamos a las 7 P.M. Ya en el cuartel nos registramos y tomamos un té, mientras veíamos enfrente a personas entre rejas, era un lugar sórdido y oscuro.

Les explicamos el problema con nuestras ruedas y enseguida fuímos a buscar una de repuesto, lo que fue una auténtica odisea, iba sentado entre el capitan del cuartel y otro hombre, en un jeep antiguo, dando botes, aunque al menos ya no llamaba la atención demasiado.

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