Unos huevos con pan, pagar la cuenta y listo, tan sólo cien rupias por los tés, la cena y el desayuno, un chollo comparado con Karimabad.

La carretera se hacía cada vez más estrecha, un proyecto de tirar fibra óptica desde la KKH hasta Skardu mantenía a la gente ocupada preparando la zanja, si ya de por sí la carretera es estrecha con la zanja perdía más de un metro de anchura. Para hacer la dichosa zanja se servían de dinamita, todo el día con explosiones, de vez en cuando nos mandaban parar por esa razón, y muchas fueron las zonas donde miles de pedazos de roca adornaban la calzada, pero los neumáticos parecían resistir. El camino es aún más bello que buena parte de la KKH, durante los primeros cien kilómetros circulamos por una garganta estrecha por donde el Indo desciende con una fuerza brutal arrastrando a su paso todo lo que encuentra.

La calidad de la carretera mejoró a la hora de comer y en vez de pararnos continuamos hacia Skardu, queríamos llegar a un sitio y acomodarnos. Lo intentamos en el lago Kachura, tanto Manzoor como otra gente nos habían dicho que no podíamos llegar al lago con la furgoneta, pero lo hicimos sin grandes problemas. Rodeamos el lago hasta hallarnos frente al famoso complejo Shangri La, donde las parejas de ricos recién casados pakistaníes celebran su luna de miel. Encontramos un lugar perfecto para quedarnos esa noche, pero resultó ser una zona militar y no nos lo permitieron, aún así decidimos pasar un rato por allí, comer algo y luego seguir hacia Skardu, cual fue nuestra sorpresa cuando nos pidieron 800 rupias por unas truchas, indignados, y muertos de hambre, nos fuímos de allí. Lo intentamos de nuevo en el lago Sadpara, a nueve kilómetros de Skardu, paramos en el primer hotel que encontramos, y, a pesar de ser las cinco de la tarde, nos sirvieron una deliciosa comida: trucha con patatas fritas, ensalada de tomate, pepino y cebolla, y espinacas guisadas con patatas.

Nuestra primera intención fue la de descansar allí esa tarde y movernos a Skardu por la noche, pero el lugar nos atrapó, aparcamos la furgoneta en el jardín y disfrutamos de las vistas al lago y de la tranquilidad del lugar. El motel Lake View Motel Sadpara está regentado por dos jóvenes hermanos muy amables, nos enseñaron fotografías de la región y el libro de visitas donde muchos extranjeros hacían elogios a su hospitalidad, no era para menos. En nuestro caso la estancia se alargó y pasamos dos noches allí, la primera mañana alquilamos una barca a remos y navegamos alrededor del islote.

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Paseando por Khapulu