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Después de informarnos bien sobre el estado de la carretera que lleva a Skardu nos pusimos en camino a mediodía del 25 de mayo, cuando pasamos de nuevo por el View Point del Rakaposhi, en Ghulmet, era la hora de comer y disfrutamos de una agradable comida sentados en la terraza, por desgracia el mal tiempo de los últimos días se había apoderado del valle y no se veía más allá del glaciar.
Condujimos despacio por una carretera ya conocida para nosotros, parecía que el desvío para Skardu no iba a llegar nunca, por fin lo hizo, algo menos de 40 kilómetros al sur de Gilgit. Por primera vez cruzamos uno de esos puentes en suspensión que jalonan los ríos de las Áreas del Norte, sobre el río Gilgit pocos metros antes de desembocar en el río Indo. Yo conducía, cruce a menos de 10 Km/h, sintiendo como cada viga de madera del puente se resquebrajaba a mi paso, el ruido es ensordecedor pero las vigas no se rompen, ¡menos mal! Cuando Rafa llegó al otro lado, ya que había decidido cruzar andando para así fumarse un cigarrillo, rellenamos por enésima vez una hoja de registro de la policía y seguimos camino. Ya anochecía y por un momento dudamos en quedarnos a dormir en el check post del puente, pero decidimos seguir un poco más, aún quedaban 170 kilómetros hasta Skardu por una carretera estrechísima y llena de baches y agujeros. A menos de treinta kilómetros hallamos el pueblo de Sassi, uno de los últimos con gasolinera, la puerta al valle de Haramosh desde donde se pueden emprender varios trekkings entre montañas llenas de piedras preciosas. Pasado el pueblo encontramos un restaurante muy animado con una zona amplia para aparcar, allí iba a ser, pasaríamos la noche en ese lugar. Tomamos un milktea y preguntamos si era un lugar seguro donde dormir, bajo la mirada atónita de los presentes un hombre que hablaba inglés nos dijo que sí.
Una tormenta nos acompañó toda la tarde, sólo paró a la hora de cenar, momento en que me acerqué de nuevo al restaurante para ojear la comida, todo tenía muy buena pinta: lentejas, judías, garbanzos y pollo guisado; cuando me disponía a regresar a nuestro hogar para informar a Rafa unos hombres llamaron mi atención, estaban intentando ver una película de bolywood, tenían un vídeo phillips y una vieja televisión, cada vez que introducían uno de los cds en el vídeo el aparato indicaba que no había disco en el interior. Me pidieron ayuda, querían que Rafa revisara las conexiones e intentara hacerlo funcionar. Estuvimos media hora intentando que el trasto funcionara, pero ese vídeo no se tragaba ni los dvds originales, ya desesperado Rafa les ofreció ver las películas en el portátil y así pasamos la noche, viendo como veinte personas disfrutaban de nuestro ordenador más atentos a nosotros que a las películas de mala calidad que tenían.

