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Dentro de la enorme cantidad de templos que existen en Kathmandú, el Templo de Swayabunath, también conocido como Templo de los Monos y el Templo de Bodinath quizá sean de los más famosos y visitados, tanto por adeptos como por turistas.
Swayabunath se encuentra a una media hora andando del barrio de Thamel, ubicado en lo alto de una colina a las afueras de la ciudad. Una gran escalinata de cuatrocientos escalones da acceso a la enorme estupa que domina todo el complejo, que está compuesto por otras estupas menores, un templo budista y todos los demas elementos de esta religión, banderas de oración, ruedas de oración, estatuas de Buda, etc.. Toda la arquitectura del Swayabunath es budista pero en este templo se celebran también liturgias hinduistas, al fin y al cabo a Buda se le consideró la última reencarnación de Vishnu, al parecer un "invento" hinduista de hace unos siglos, cuando en la India los hinduistas se volvieron budistas masivamente, poniendo en grave peligro al hinduismo.
El único acceso a través de la escalinata está repleto de monos, los cuales tienen en este lugar especial fama de violentos, pero a nosotros nos trataron bien, incluso nos permitieron tomarles algunas fotografías. Visitamos el templo con Nico, al que veíamos de nuevo después de nuestro mes juntos en Ladakh y Cachemira; tuvimos que pagar cien rupias para entrar, desde arriba las vistas de la ciudad eran casi completas, la lástima es que estaba nublado y no se podía ver el fondo único del Himalaya. Nos pusimos a pasear por el complejo, primeramente recorriendo el perímetro de la enorme estupa, siempre por supuesto, en el sentido de las agujas del reloj, mientras los enormes ojos de buda nos vigilaban, muchos monjes acompañaban nuestro camino, siempre en ese aparente estado de abstracción, mirando al suelo y pasando las bolas de su rosario, los había de todas las edades, jóvenes y viejos arrugados entrañables, ayudados de su báculo, otros monjes jugaban al backgamon o al ajedrez. También había muchos turistas, por supuesto, todos estábamos "acosados" por niños y niñas que nos pedían una foto, un lápiz o una rupía, algo que parece institucionalizado en el país. Estuvimos largo rato dando vueltas por el complejo, que era pequeño, pero como siempre ocurre en estos templos, repleto de detalles y recovecos, también aproveché para que Nico me diera otras pequeñas lecciones de fotografía, la luz del atardecer daba pie a ello.
Bajamos del templo ya de noche, cuando desde nuestra posición empezaban a aparecer las luces de la ciudad.
