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Si la plaza Durbar de Kathmandu es una obra de arte, la de Patán es obra de algún dios, los templos se suceden en armonía intercalando arte newari con sikharas hindús (templos en forma de parasol sin abrir), las tallas de madera son de gran calidad y las estatuas más abundantes que en la gran capital.
Penetramos en la plaza por el norte, la zona más animada, a la derecha dejamos un templo de tres plantas, el Templo de Bhimsen, y a la izquierda un templete, el Mani Mandap, donde antaño fueron coronados algunos reyes y una fuente, la Manga Hiti, formada por unos canalones con cabeza de cocodrilo y una piscina en forma de flor de loto, aún hoy en uso por los locales. A continuación el protagonista es el Palacio Real, que se extiende a lo largo de la cara este de la plaza, allí decidimos hacer una parada, sentados en unos escalones sacamos el tablero de backgamon (el vicio del momento, junto con el sudoku) y nos echamos una partidita bajo las miradas curiosas de los allí presentes. Sin darnos casi cuenta nos vimos rodeados por cincuenta personas, ya no veíamos la plaza, sólo los ojos de nepalís y su tez morena; con una partida sería suficiente, si seguíamos el lugar se convertiría en una manifestación y no deseábamos tal cosa.
Seguimos caminando, rodeando los templos y accediendo a los mismos a través de las escalinatas para así poder contemplar las tallas de madera que adornan los pilares de cada uno de ellos, de nuevo Shiva era el protagonista. Dejé a Rafa tomando fotografías y me puse a leer en una de las guías la descripción de cada edificio, así llegué hasta la descripción de una estatua de un rey, Yoganarendra Malla, se levanta frente al palacio sobre un gran pilar, el rey se halla arrodillado frente a su palacio protegido por la cabeza de una cobra sobre la cual se encuentra un pájaro; la leyenda dice que mientras el ave permanezca en el lugar el rey podrá regresar a su palacio, por esta razón siempre hay una puerta y una ventana abiertas en el mismo y una pipa de agua lista para ser fumada; algunas versiones añaden que cuando el pájaro emprenda el vuelo los elefantes vecinos se darán un paseo hasta la Manga Hati para beber (ver foto).
Salimos de la plaza por el ala sur y fuimos en busca del Templo de Mahabouddha o Templo de los Mil Budas, está escondido entre edificios por lo que resulta difícil dar con él. Se trata de un templo en forma de shikara, abundantes en India, y es una replica del que existe en el lugar donde Buda se iluminó, en Bodhgaya (India). Cientos de budas de distintos tamaños están esculpidos en sus paredes, que le dan al templo el apelativo por el que se le conoce.

