Llegamos a la zona de los lagos, no estábamos solos, un par de chicos nepalíes observaban el agua, imaginamos que con la misma idea que nosotros, la de ver abrir los fauces a un enorme reptil de origen prehistórico. Estuvimos un rato sentados disfrutando de las vistas, los cocodrilos no aparecían, quizás era demasiado temprano. Decidimos dar otra vuelta en moto por los alrededores para abrir apetito y esperar que ellos también lo abrieran, el pollo estaba listo para ser engullido.

El paseo nos llevó hasta un grupo de chozas donde se estaba celebrando alguna ceremonia o reunión, todo el mundo nos miró como si de extraterrestres se tratara y con las mismas nos dimos la vuelta y regresamos a los lagos. Lo hicimos justo en el preciso momento en el que los chicos que andaban por el lugar veían un cocodrilo, le habían visto abrir la boca para devorar otro animal, quizás un pez o un ave. Durante un rato seguimos la estela que dejaba con los prismáticos, se veían los ojos saltones perdiéndose en el horizonte.

Mientras Bego y yo preparábamos los bocadillos de queso con ajo y tomate, Riki y Rafa emocionados ensartaban los trozos de pollo en palos, como si de suculentas brochetas se tratara, y poco a poco las fueron lanzando al agua, cerca de donde nos encontrábamos. Los trozos flotaron y flotaron, no se percibía ningún movimiento extraño, de pronto unas ondas en el agua, nada, sólo peces mordisqueando el pollo, ni rastro de los cocodrilos.

Acabamos la comida y ahí seguían los trozos de pollo, flotando en las tranquilas aguas, la emoción del principio se fue diluyendo poco a poco, comentamos distintas teorías de porque los cocodrilos no venían a comer, quizás lo que les va de verdad son los animales vivos, no muertos, despellejados y troceados, ¿hubiésemos acertado más con un pollo vivo?, posiblemente Bego y yo nos habríamos opuesto a ello.

El tiempo fue pasando y fuimos perdiendo las esperanzas, hasta que decidimos regresar para que nos diese tiempo a dar una vuelta por las aldeas de alrededor. En el camino nos cruzamos con varios jeeps llenos de turistas y nos invadieron las dudas de si era ahora el buen momento para ver los cocodrilos y si todos esos turistas disfrutarían viendo como se comían nuestro pollo.

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