De regreso a la capital, donde debíamos recuperar nuestros visados y hacer las últimas compras, intentamos visitar la famosa Bakhtapur, otra de las antiguas capitales del valle, según algunos la más bella. Así debe ser porque la entrada cuesta diez dólares, como no queríamos pagar tal salvajada y nos habían comentado que parecía sencillo colarse por alguna calle aledaña intentamos esto último. No sé si fueron tres o cuatro los intentos, pero a cada cual apareció de debajo de una piedra un tío con los tickets, en el último incluso nos dijeron que si estábamos tratando de colarnos que estaba prohibido. Lo dimos por imposible y, como el calor apretaba y teníamos hambre, decidimos conducir a la capital y dejar la visita para el siguiente viaje a Nepal.

Acabados los últimos trámites y preparativos antes del regreso a India nos despedimos de la gran ciudad comiendo un chuletón en la Everest Steak House, siempre llena de españoles. Bego y Riki seguían con nosotros, les habíamos propuesto que vinieran hasta Terai, desde Chitwán podrían coger un autobús a la frontera. Para esta ocasión se me ocurrió la brillante idea de recorrer la carretera que va a Hetauda, en vez de recorrer la clásica carretera que ya nos sabíamos de memoria. No fue muy buena idea, lo que al principio se nos antojó divertido, con tantas eses y pueblos bonitos, acabó siendo un infierno, el estado del firme dejaba mucho que desear y avanzábamos muy despacio, demasiado, puede que tardásemos cinco o seis horas en llegar al Terai. Una vez allí los navarrikos cambiaron de planes, Riki no tenía muchas ganas de regresar a India y a Bego le había gustado mucho la experiencia en la selva, se vendrían con nosotros a Chitwán y de allí iríamos todos juntos a Varanasi, los cuatro seguíamos alejando la despedida.

En Chitwán nos alojamos en el mismo lugar donde lo habían hecho ellos la primera vez, y como hiciésemos en Nagarkot ellos cogieron una habitación doble y nosotros dormíamos en el aparcamiento. Esa tarde nos relajamos en las tumbonas frente al río que separa la zona de hoteles de la selva protegida. Una buena cena ayudó a recuperarnos del agotador día de coche y más tarde, para no perder la costumbre adquirida en Nagarkot, nos vimos una película, una de las cientos que nos grabó Ana en la última tanda, si no recuerdo mal Bego se quedó dormida continuando con la tradición de no acabar ninguna película por las noches, me recuerda a mi madre...

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