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Muchos son los lugares y las personas en Nepal que anuncian Nagarkot como el mirador del Everest, pero, tal y como nos imaginábamos, está lejos de la realidad, si se puede ver desde allí es con un catalejo potente en un día muy claro, y siempre será un pequeño punto en el horizonte. Definitivamente el que quiera ver el techo del mundo tiene que sumergirse en un trekking de 7 a 21 días, el más corto incluiría un vuelo ida y vuelta Kathmandú-Lukla con un trekking de siete días y el más largo comenzaría con un viaje en autobús hasta Juri y un trekking de tres semanas ida y vuelta, entre ambas posibilidades hay opciones intermedias.
Partimos de la capital temprano, según lo previsto, Riki y Bego fueron muy puntuales, una vez les recogimos fuimos siguiendo las indicaciones del mapa de la guía para salir de la ciudad en dirección a Bakhtapur, que se encuentra a medio camino hacia Nagarkot. Aunque no eran más de las ocho el tráfico ya era intenso a las afueras y nos costó un poco salir, en realidad parecía que nunca lo haríamos, barrios y arrabales se extienden los primeros diez kilómetros y seis después ya aparece Bakhtapur. Ese primer tramo pertenece a la carretera que une Nepal con Tíbet, el segundo es una carretera zigzagueante que recorre otros dieciocho kilómetros hasta el pueblo de Nagarkot, situado a unos 2.000 metros de altitud. Es un trayecto muy agradable y muy lento, así que da tiempo de sobra a disfrutar del paisaje, en esta época plagado de gentes recogiendo el grano.
Cuando llegamos a Nagarkot continuamos la carretera hasta donde acababa, pensando que encontraríamos un hostal por el camino, nada, tan sólo un hotel de lujo, pero como ya era tarde paramos en el mirador del Everest a comer. Nos sirvieron la comida con cuentagotas, era un chiringuito local y el cocinero iba cocinando un plato tras otro. Saciado el apetito regresamos al pueblo sin olvidar antes confirmar que las seis de la mañana es la mejor hora para ver las vistas, nos esperaba otro madrugón al día siguiente. Algo menos de un kilómetro pueblo adentro encontramos un hotel que, regateando, nos dejó una habitación por 300 rupias y que tenía una plaza de aparcamiento para nosotros. El restaurante del hotel estaba en lo alto de la colina desde donde disfrutamos tostándonos al sol y bebiendo cafés.
La primera mañana fuimos al mirador a las seis. Cierto es que se ven montañas, pero bien lejos, y si alguien dice que desde allí ha visto el Everest es casi seguro que miente, ni con el esquema que venden los niños que por allí pululan se pueden distinguir los picos. Aún así Nagarkot es un lugar muy tranquilo y agradable, perfecto para escapar del ruido y ajetreo de Kathmandú.

