Decidimos parar cada hora a descansar un poco y fotografiar a las decenas de peregrinos y turistas locales que caminaban junto a nosotros, y también a los que no caminaban, que eran muchos; ante nuestra atónita mirada pasaban chicos con rasgos nepalíes cargando en sus espaldas grandes cestas, en las cestas unas veces veíamos varias mochilas o maletas, que debían sumar fácilmente cuarenta kilos, o en otras ocasiones nos encontrábamos con un niño. Pero esto no era lo peor, nos quedamos mudos cuando vimos como cuatro de esos hombres, alguno no tendría más de quince años, sujetaban a hombros un camastro en el que cómodamente se recostaba una mujer o un hombre con pocas ganas de caminar. Pensamos para nuestros adentros, esto ni es peregrinación ni es nada, y esos pobres chicos se deben dejar las espaldas hechas polvo, pero claro, esto es la India, así funcionan las cosas. Yo no lo vi pero en una ocasión en esos días Rafa vio como una mujer le daba 100 rupias a uno de esos porteadores, ¡¡100 míseras rupias por cargar con semejante cesta!!

En una de nuestras paradas conocimos a una pareja, ella era de Malasia y él de India, estaban más indignados aún que nosotros viendo todo aquel montaje, vivían en Londres y estaban allí de vacaciones, no hubiese hecho falta que nos lo dijeran, se veía a la legua que no vivían allí.

Las subidas se hicieron más difíciles y el cansancio y el calor se acumulaban, el final se nos estaba haciendo cuesta arriba, tendríamos que parar a comer para recuperar fuerzas. Creyendo que sólo nos quedaba un kilómetro y nada de desnivel paramos en un atajo y sacamos la cocina, la lata de cocido y la de paté, casi nuestras últimas existencias, fueron visto y no visto, acompañadas de un zumo de mango y de unas chapatis con mantequilla (el pan local). Animados, y saciados, continuamos el camino, lo que creíamos que era un paseíto se convirtió en una pesadilla, 'pero esto no deja de subir, ¿no habían dicho que estaba a 3.000 m?', pero no, los mapas estaban equivocados y nuestro reloj marcaba ya 3.200 m y el último mojón nos indicó que aún quedaba otro kilómetro. 'Ufffffffffffffff, ya estamos Rafa, mira las casas, y todos los caballos esperando a un nuevo cliente'.

Gangaria nos dio muy mala impresión, esperábamos una especie de campamento como Feary Meadow, y nos encontramos con un pueblo feísimo lleno de grasientos restaurantes y hoteles cutres, aderezado con la mierda de los caballos que estaban por todas partes.

Index crónicas de Asia
Sigue
Volver
Gangaria
Ir a fotos de la crónica
Volver a Asia