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Estábamos cansados y nos dejamos engatusar por un buscavidas, que prometió llevarnos a un hostal limpio y con bonitas vistas al Ganges. En cinco minutos de trayecto nos vimos envueltos en una nube de humo y caos, en esta situación los sentidos se aturden, hay tantas cosas a tu alrededor que lo mejor es adoptar una actitud budista, abstraerte, pero claro, para eso hay que saber mucho y aún así creo que hasta los grandes lamas perderían aquí los nervios. Durante el trayecto el personaje nos advirtió del peligro de alojarse en los hoteles junto a la orilla del Ganga, por allí la malaria y el dengue corrían a sus anchas. La cuestión es que el hotel a donde nos llevó no cumplía ninguna de las condiciones por él prometidas, hecho que acabó por cabrearnos del todo, especialmente a Ricki, total que le dejamos tirado y nos fuímos a buscarnos la vida por el entresijo de callejuela de Old Varanasi, hasta que llegamos al Yogi Lodge, la limpieza dejaba algo que desear, pero tenía una enorme terraza con restaurante en la última planta y las vistas de la ciudad eran muy buenas, decidimos quedarnos allí, tampoco teníamos muchas ganas de seguir buscando.
Tras relajarnos un poco decidimos dar nuestro primer paseo por la ciudad, uno de los chicos del hotel nos acompañó hasta el Ghat más cercano (los Ghats son las estructuras de piedra que forman escaleras hasta la misma orilla del río). De no haber sido por él, nos hubiera costado dios y ayuda llegar entre el laberinto de calles. Esa misma tarde tendríamos la oportunidad de asistir a una actividad practicada en India pero que en ningún lugar como en Varanasi es tan facil de ver, las cremaciones humanas. Cuando llegamos a la orilla del rio, una gran capa de barro de unos tres metros de altura cubría aún parte de los edificios, el causante era el monzón, que inunda literalmente los ghats, asi como las calles adyacentes a ellos, había alguna manguera de agua a presión intentando deshacer la dura capa, toda la orilla estaba sucia y muy dejada, era algo que no esperábamos ver en tal estado de abandono, al ser un lugar tan sagrado como el Ganges, a su paso por una de las ciudades más sagradas del país. Desde nuestra posición veíamos a nuestra izquierda la curva que forma el Ganges y una kilométrica linea de ghats, hasta que la vista alcanzaba, a nuestra derecha si veíamos el final, por lo que deducimos que no estábamos en un hostal muy céntrico. Enfrente nuestro, a unos 200 metros, la anchura aproximada del río, no había casas pero se veía a la gente pasear por un extenso bancal de arena, que se extiende hasta una linea de arboles que señalan el horizonte. Hay muchas barcas de madera en un estado lamentable y enseguida nos ofrecieron una vuelta, para ver el sunset, pero a nosotros nos llamó la atención un serie de hilitos de humo, que se elevaban a unos cientos de metros nuestros, ....y ya no vimos otra cosa.

