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En nuestras visitas no nos encontrábamos a muchos monjes, aunque las propias dependencias de los templos disponen de austeros alojamientos para los monjes, aun así, muchos templos en Ladakh no están muy activos y algunos de ellos solo alojan a media docena o menos de personas.
Además de los alojamientos existen los lugares de oración, donde se celebran las Pujas, el equivalente a nuestra liturgias, estos espacios suelen tener bancos de madera, donde los monjes realizan sus oraciones y charlan entre ellos, numerosas estatuas de Buda, en distintas representaciones, aunque también existen objetos u otras estatuas que representan a Buda, como el León, las huellas de pisada o los tronos solitarios.
Algunas de las estatuas que vimos eran de un tamaño enorme y estaban recubiertas de oro, la estatua del monasterio de Shey, por ejemplo, era de doce metros de altura y en su interior albergaba muchos objetos de valor, así como otras estatuas de Buda de menor tamaño.
Los frescos es otra de las atracciones de los templos budistas, en muchos de ellos se seguían conservando en buen estado, en otros, sin embargo, apenas se definían e incluso en alguno se notaba la acción de los energúmenos.
Sería francamente difícil explicar cada uno de los frescos que se veían en las paredes de los templos, los Mándalas o representaciones de la mente, de la vida o el universo son uno de los más comunes, me recordaban en riqueza de detalle a cualquier cuadro del Bosco, como el Jardín de las delicias y supongo que entender cada uno de esos detalles sería un árduo trabajo, por lo que nos dedicamos a admirarlos.
Otro fresco común era el de Buda, en alguna acción durante su vida, meditando, etc. También era comun ver frescos de los cuatro reyes guardianes, protectores de los cuatro puntos cardinales, que describo a continuación.

