Index crónicas de Asia
Volver
Maravilloso y perenne cartel de "Love Beach", en Mandawa, en pleno Desierto.

Volver a Asia

Fecha: 16 de Enero de 2007

Lugar: Muzhappilangad, Kerala - India

 

Por la mañana dimos un pequeño paseo para descubrir algunos de los curiosos dibujos que decoran los exteriores de las havelis, concretamente los dedicados a inventos del siglo XX, coches, aviones, equipos de radio, teléfonos, etc.

Seguimos camino hasta Nawalgarh, el que sería nuestro último pueblo de la región, antes arreglaríamos un pequeño pinchazo que teníamos en una tienda local, tan local que el arreglo no duraría mucho. Nos alojaríamos en la Ramesh Jangid Tourist pension, un hotel con buenas habitaciones y un confortable patio interior. El propietario, un Brahman de la High Class, como el mismo se presentara, resultó un pedante insoportable que nos repitió hasta la saciedad su diferenciación con otras clases, también nos mostraría su exagerado amor a India, con algunos comentarios que podríamos haber rebatido con facilidad, pero no lo hicimos (entre ellos comparó las carreteras alemanas con las indias), sin comentarios. Toda la familia resultó histriónica, en un ambiente de una armonía forzada, poco natural. El hotel también estaba habitado otra extraña fauna, como una pareja de franceses jovenes que parecía como si estuviesen haciendo una tesis o algo por el estilo, manejando numerosos papeles y haciendo anotaciones, no muy comunicativos la verdad, también andaba por allí una vieja con aires de condesa, que miraba altivamente y con cierto desden. El caso es que para comer tuvimos que suplicar que nos hicieran unas Dhal, el menu estaba prefijado y no sólo eso, se comía en una mesa común, supongo que para dar un ambiente más familiar al lugar, que en ningún momento se dió. Por la tarde daríamos otro paseo, visitando otras havelis y disfrutando de los alucinates carteles publicitarios y posters que se repartían por el pueblo, como el que aparece en al foto de la derecha, ¿quién pondría allí ese cartel, y porque?.

Ir a fotos de la crónica

Pasamos el atardecer en el ático del hotel y tendríamos que pasar el trago de cenar otra vez en alegre comunión con los demás hospedados, por suerte conocimos a un chaval de Santo Domingo, que también apreciaría como nosotros la extraña compañía y con el que tuvimos una interesante charla, al menos la comida era bastante buena.

Al día siguiente dejaríamos a Ana y Marta en la estación, habían sido 17 días intensos por el Rajastan indio, se acababa su viaje y para nosotros comenzaba una nueva etapa, camino del mar, que ya añorábamos, aunque pasaríamos de nuevo unos días en Pushkar y en Udaipur. Por lo menos tuvimos tiempo de hacernos una foto los cuatro antes de que se fueran, el marco fue un restaurante de carretera, un bonito final para una nueva visita que nos dejaba.