Mapa de Rajastán
 

Llegaba nuestra última etapa de viaje con Ana y Marta, y con ella la visita a la región de Shekawati, conocida por las Havelis, mansiones que construyesen los ricos comerciantes y decoradas tanto en el exterior como en el interior.

Dejamos Bikaner por la mañana para llegar a Fatephur alrededor del mediodía, esta región no suele ser muy visitada y por lo tanto las infraestructuras para el turista no son muy abundantes. Aparcamos frente a una haveli, en una calle principal sin asfaltar y con numerosos agujeros, todo el pueblo daba sensación de dejadez, al igual que la primera Haveli que visitamos, las paredes estaban desconchadas y apenas se distinguian los dibujos del exterior, la ropa estaba colgada en las escaleras que daban acceso a la casa, al patio interior concretamente, donde se desarrollaba con total naturalidad la vida de una familia, pareció un poco "invasión", llegando con nuestras cámaras e interrumpiendo en cierto modo la vida de la familia, que nos cobró una entrada, obviamente no oficial, pero nos parecía justo. El patio tenía dos plantas con arcadas que daban entrada a las distintas habitaciones, en el centro había una especie de estanque sin agua en el que se apilaban los trastos de cocina y los pimientos puestos a secar, los dibujos se apreciaban algo más, pero a mi me resultaba más interesante ver a las personas que a los dibujos. Después de ésta visitamos otra haveli, doscientos metros más adelante, esta vez más cuidada y con una entrada oficial del gobierno, había muchas más, pero nos dimos por satisfechos, además tocaba la hora de comer y en Fathepur no encontramos nada, por lo que nos fuímos hacia el siguiente pueblo de la ruta, Mandawa, donde tras unas vueltas encontramos un hotel donde se quedarían las chicas, mientras nosotros aparcamos en la misma puerta, allí mismo comimos y allí mismo nos pegamos una siestecita, tras la cual Ana se levantó un poco enferma, con la palabra malaria rondando su cabecita, nosotros la tranquilizamos aunque entendí perfectamente su preocupación (yo había tenido la misma ya dos veces). Después de que se recuperara un poco fuímos a dar un paseo por el pueblo, un simpático chaval con un inglés más que correcto pese a su edad nos quiso servir de guía y le aceptamos, aunque en realidad no fuéramos a visitar nada esa tarde. Los comerciantes estaban obsesivos por vendernos algo y Ana y Marta se dejaron embaucar por alguno de ellos, que sin regatear iban bajando los precios de las telas. Al llegar a una antigua haveli, convertida en restaurante, el personal echó de malos modos al chaval, cosa que no nos gustó, por lo que decidimos cenar en el hotel, donde cinco extranjeros se afanaban en acabarse una caja de cerveza.

Index crónicas de Asia
Sigue
Vólver a Asia
Cartel de un mago, parece sacado del XIX
Consumismo de Ana y Marta
Ir a fotos de la crónica