Mapa de Rajastán
 

Se nos quedó cara de tontos a los dos cuando comprobamos en un internet en Delhi que la Feria de Pushkar terminaba el 5 de noviembre tal y como Ana nos dijo en un email. Un comerciante nos había dicho que la feria duraba una semana tras la luna llena pero se equivocó, dura tan sólo cuatro días y la luna llena es el último, este año coincidía con los días 2-5 de noviembre. Fue una pena porque el día 3 de noviembre dejamos Orcha y llegamos a la capital, bien hubiésemos podido conducir a Pushkar y disfrutar del evento.

Durante esos cuatro días se celebra la reunión de camellos más multitudinaria de Asia y posiblemente del mundo entero, en esta pequeña población se reúnen más de 200.000 personas, de entre ellos un tercio turistas. Los comerciantes recorren con anterioridad kilómetros y kilómetros en caravana desde sus lugares de origen, antiguamente venían incluso desde lo que es ahora el vecino Pakistán y desde Afganistán. Los visitantes copan todos los alojamientos, que hacen su agosto triplicando el precio de sus habitaciones; como no hay sitio para todos se montan campamentos con bungalows y tiendas de campaña con ofertas para todos los bolsillos. Las actividades no se ciñen a la compra-venta de camellos, también hay espectáculos de música y otras artes.

Ya era tarde para ir, nos conformamos con visitar la ciudad del lago sagrado con las chicas unos cuantos días más tarde. Así, la tarde del 12 de noviembre, llegamos a Pushkar, fuimos directos al hotel Seventh Heaven, que alguien nos había aconsejado, estaba completo, sólo quedaba la suite de 1.500 rupias. En el hostal de al lado nos ofrecieron habitaciones por 200, 250, 300 rupias y por 50 rupias podríamos aparcar en el ashram contiguo donde había unos baños y el ambiente era muy relajado.

Una vez acomodados buscamos un lugar para cenar, las tiendas de ropa y de plata eran numerosas, así como los internets, locutorios y restaurantes, pronto nos dimos cuenta de que era una parada ineludible para los viajeros, sobre todo para los israelíes que disfrutaban de restaurantes con menú en hebreo. Nos equivocamos, según mi opinión, en la elección del restaurante, uno de los numerosos buffets por 50 rupias que hay en la ciudad, no es que la comida fuese mala pero por el mismo precio o un poco más te podías tomar una ración de hummus o una buena pasta cocinadas con auténtico aceite de oliva español, eso sí, de Sevilla o Córdoba; en ningún lugar de Nepal o India hemos encontrado aceite importado de Jaén (para los curioso sabed que por estos países el litro se cotiza a 10 o 12 euros, tanto el español como el italiano).

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