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Una de las primeras preguntas fue si podía ser malaria, me dijo que de las pruebas que realizaban en ese hospital el 20% daban posítivo, aunque tras oscultarme llegó a la conclusión de que lo más seguro es que fuera una infección de garganta, aunque me aconsejó hacerme el test sanguíneo al día siguiente, junto con un scanner de pecho, por si la infección estuviera en los bronquios, muy profesional.
Al día siguiente iríamos a que me hicieran las pruebas, ni malaria ni infección grave, es curioso por que si esto mismo me hubiese ocurrido en España ni hubiera ido al médico, pero claro, esto es India y en India hay muchos virus e infecciones y por supuesto malaria, que aunque no es una paranoia en nuestra estancia, es una realidad y un riesgo, que aunque no grande, existe. Entre antibióticos y la consulta en si nos gastaríamos unas 2500 rupias, da mucho que pensar que un sueldo normal en India sea de 2000 rupias al mes, las clinicas públicas existen pero los médicos que trabajan en ellas mandan a los pacientes a sus consultas privadas, para ganarse un sobresueldo, espero que no ocurra en todos los casos.
La aventura había terminado por lo que nos relajamos y al volver a Orcha fuímos a visitar la fortaleza, que nos impresionó. A ella sólo se accede a través de un puente de piedra, ya que se construyó sobre una isla que forma el río, la arquitectura mogol se caracteriza por la mezcla de elementos hinduistas y musulmanes, generalmente el resultado es muy bueno, innumerables arcadas y cúpulas se conjugan en una simetría perfecta, además desde los pisos más altos las vistas eran espectaculares, no sólo del pueblo y de los demás templos desperdigados por él, también por las vistas lejanas del paisajes, las interminables llanuras verdes de India. El recinto amurallado que circundaba la fortaleza era enorme, incluso más grande que el propio pueblo en si.
Después de la visita comimos algo en la furgoneta, mientras los hindús se paraban y observaban como comíamos, curioso entretenimiento. Durante esos días haríamos migas con un par de niñas, una de ellas no hacía otra cosa que pedirnos regalos, la otra montaba un pequeño puesto de té y baratijas con su madre, a pocos metros de donde estábamos aparcados.

