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Después de la visita a los templos de Kajuraho nuestra intención era llegar a Delhi, al relajado Nheru Park, para pasar allí una semana esperando la llegada de Ana y Marta. Pero Silvia leyó algo en la guía de India acerca de Orcha, un tranquilo pueblo con esplendoroso pasado y con una buena cantidad de templos y un precioso castillo, estaba a tres horas en coche desde Kajuraho, por lo que sería un buen destino a medio camino, finalmente pasaríamos tres días, por diversos motivos.
A Orcha se llega cogiendo un desvio de la carretera principal, doce Km. antes de llegar a la ciudad de Jhansi, una añeja puerta de color azul daba acceso a la villa, primordialmente rural y poco masificada, apenas vimos una decena de turistas, aunque había hoteles y algunos restaurantes occidentales, nosotros pasamos el pueblo justo hasta las orillas del río, cogimos un desvio a la derecha y aparcamos a las afueras, justo enfrente de unos impresionantes cenotafios (tumbas reales), era el lugar ideal. Enseguida vino a visitarnos un Sadhu que vivía en un arbol anexo a la furgo, junto a un pequeño templo dedicado a Hanuman, era un anciano, con un agradable rostro, a la mañana siguiente nos proporcionaría leche fresca, a cambio de unas rupias.
Yo venía un tanto fastidiado de la garganta desde Varanasi pero después de una pequeña siesta el virus o lo que tuviera se me rebeló por completo. En apenas hora y media, tras dar un pequeño paseo cruzando un puente de piedra sobre el río y disfrutar del atardecer la fiebre se me disparó hasta más de 39 grados, de nuevo la pesadilla de la Malaría, de nuevo los mismos síntomas, esta vez incluso más claros que cuando me ocurriera lo mismo en Pakistán. Enseguida cogimos la furgoneta y nos fuímos a la busqueda de un hospital en Jhansi, recomendado por el gerente de un hotel. La busqueda fue una odisea, muchos se quedaban alucinados mirando la furgo y lo que es ayudar, ayudaban poco, otros se reían, en fin, que nos tuvimos que buscar la vida como pudimos. Finalmente encontramos el hospital y tras el aturdimiento inicial por parte de los trabajadores, al ver la inusual escena de dos extranjeros en un hospital, llegó el doctor alrededor de media hora más tarde, por fortuna la fiebre ya me había remitido algo.

