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Fecha: 20 de Febrero de 2007
Lugar: Fort Cochín - Kerala - India
Regresamos a Panaji, la animada capital del estado, una bonita ciudad con dos barrios coloniales: Fontainhas y Altinho, algunas iglesias en funcionamiento y un agradable ambiente para pasear si no fuese por el sofocante calor. Caminamos de la plaza principal al barrio de Fontainhas, donde las calles aún se llaman ruas y abundan los carteles en portugués.
De camino hacia Fontainhas, en una esquina junto a la iglesia de Nuestra Señora Inmaculada de la Concepción, echamos el ojo a un restaurante que, a pesar de su nombre anglosajón, George, tenía muy buena pinta. Allí volvimos para comer y, sin duda alguna, ha sido la mejor elección en meses, el variado menú podría encontrarse en una tasca de Coimbra si no fuera por los platos indios. Comimos chorizos a la brasa con patatas, mejillones al ajillo (los mejillones más grande que jamás hayamos visto) y lengua de buey estofada; aún hoy recordamos ese banquete y recomendamos a todo el mundo pasarse por allí.
Con el buen sabor de boca salimos de la ciudad, no sin cargar el depósito de agua potable con tres botellas de 20 litros. En el camino nos topamos con un auténtico atasco a las tres de la tarde, y para colmo la carretera estaba en mal estado, cualquiera diría que Goa es el estado más turístico de India, no lo diríamos por las carreteras. Nos abastecimos en el camino de algunos productos occidentales como el aceite de oliva, sin el que no podemos vivir, y algunos paquetes de pasta italiana, ¿cómo es que a nadie se le ha ocurrido aún exportar anchoas, berberechos y jamón serrano por aquí?, estoy segura de que se forrarían, los italianos bien que copan las estanterías de Goa de alcaparras, pimientos y aceitunas.
Ya atardecía cuando llegamos a Agonda, Nico y Esther ya llevaban allí cinco o seis días, y otros ocho o diez vehículos les acompañaban en lo que sería la mayor congregación de vehículos extranjeros desde el camping de Islamabad la primavera pasada. Aquí comenzarían unas vacaciones en el mar en una bella y aún no explotada playa de Goa, bajo los cocoteros, alimentándonos de los frutos que brinda el mar de Arabia.


