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El reloj no marcaba las nueve cuando cogimos la desviación hacia Old Goa en la National Highway 17 a la altura de Panaji, están tan cerca ambas poblaciones que nos despistamos y nos pasamos el desvío con la suerte de que topamos con una gasolinera que aceptaba el pago con tarjeta (más abundantes en el sur que en el norte del país).
Saciado el apetito de la camioneta dimos la vuelta y llegamos a nuestro destino. Lo que creíamos sería una gran ciudad no abultaba más de cuatro o cinco manzanas, con todas las iglesias, catedrales y edificios de interés apelotonados junto a un eje principal. No entendíamos de donde había sacado nuestra guía Lonely Planet eso de que Old Goa rivalizó con Lisboa en belleza y majestuosidad, no encontramos ningún sentido a esa comparación aunque quizás fue diferente cuatro o cinco siglos atrás.
Comenzamos por la zona norte, más cercana al río, aquí se levantan las iglesias de Santa Catalina, de San Francisco de Assis y la catedral. La primera es una pequeña edificación de piedra y yeso, que parece estar en desuso hoy en día. La segunda es un gran edificio, en estos momentos está siendo restaurada por lo que no se podía visitar el interior, tan sólo permiten asomarse y ver, entre andamios, el altar. La catedral, en uso hoy en día, es igual en tamaño que la anterior y fue edificada entre 1562 y 1619 por monjes dominicos.
Dejamos a un lado las iglesias para pasear hasta el río, pasamos por debajo de una puerta formada por un gran arco de piedras, en él aún se pueden leer inscripciones en nuestra vecina lengua. De allí al río distan menos de cien metros y poco más hay que ver en esa zona. Nuestros pasos nos llevaron de regreso al eje principal, nuestra siguiente visita estaría dedicada a la famosa Basílica del Bom Jesus, la más visitada de India y quizás de Asia. En ella descansan los restos mortales de San Francisco Xavier, el cura misionero navarro que fue enviado a las colonias portuguesas de oriente para fomentar el cristianismo. Allí llegó y allí se quedó, viajando entre los distintos países, predicando en China, India, Indonesia, etc, en los diez años de vida que le quedaban. La basílica recibe cientos de visitantes cada año y más éste, ya que en noviembre se celebró el quinto centenario de su nacimiento. No pudimos disfrutar mucho de la visita porque había mucha gente, los restos se encuentran en una pequeña capilla a la derecha del altar, en donde una gran estatua de San Ignacio de Loyola recuerda al padre fundador de los jesuitas.

