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Desistimos de intentar el safari, con la suerte que habíamos tenido en Chitwán sabíamos que ningún tigre decidiría mostrarse ante nosotros tan fácilmente.
Llegamos a Khajurao rápidamente, la carretera comenzó a mejorar diez kilómetros antes de llegar, parece que se mantendría así o mejor hasta Delhi, ¡menos mal! Aparcamos a la entrada del pueblo y fuimos caminando buscando un lugar tranquilo donde aparcar para dormir esa noche y una cafetería donde desayunar. En el Raja's Café, frente a los Templos de Vishvanath y Nandi, nos deleitó con su café y su yogur con miel, no dudaríamos aquello noche en probar su cocina durante la cena. Veinte metros más adelante, en una bocacalle a la izquierda, vimos una pequeña campa perfecta para aparcar, junto a un restaurante cutre donde podríamos trabajar y tomar algún refresco.
Estuvimos dudando toda la mañana entre visitar los templos por la tarde o a la mañana siguiente, ya habíamos visto por detrás de la valla de que se trataba, los templos no eran muy grandes, pero el detalle de los relieves parecía increíble desde el exterior, el estado de conservación parecía inmejorable. Mientras nos decidíamos Rafa divisó un todoterreno extranjero aparcado en las cercanías, era francés, en el interior se encontraba Mouna, una chica de Djibuti que viajaba por Asia con sus pareja francesa, el chico se hallaba realizando la visita de los templos, llevaban un presupuesto tan ajustado que la mayoría de las veces sólo uno de los dos entra a ver los monumentos (nosotros también lo hemos hecho en alguna ocasión, como en Pérgamo en Turquía, pero intentamos evitarlo a toda costa). Mouna salió del coche y se sentó con nosotros en el restaurante, no se la notaba muy a gusto en India, y más tarde pudimos comprobar que su novio tampoco lo estaba, ambos estuvieron quejándose de un montón de cosas y esperaban poder dejar pronto el país en dirección a Myanmar (también conocido como Burma o Birmania).
Decidimos entrar a visitar los templos esa tarde, sólo se paga por visitar el conjunto del oeste, que acoge los templos en mejor estado de conservación; una valla delimita esta zona. Pagamos las 250 rupias de la entrada y comenzamos la visita por la izquierda, en primer lugar subimos a visitar el Templo de Varaha, reencarnación en forma de jabalí de Vishnu, más que un templo es un pequeño mausoleo con una gran estatua de un jabalí.

