Mapa de Karnataka
 

 

Nuestro paso por la provincia de Karnataka se ciñó a un par de visitas, la pereza por conducir en India fue la primera razón para decidir no desviarnos de la nacional que recorre la costa más que unos pocos kilómetros.

Nuestra primera parada fue en Gokarna, un paraíso para el que vaya buscando un lugar tranquilo donde relajase en el mar y a la vez conocer la cultura local. Es una pequeña población cincuenta kilómetros al sur de Goa, formada por una gran playa con palmeras de varios kilómetros de largo, y una serie de pequeñas playas en forma de media luna hacia el sur donde es posible alojarse y comer. La playa del pueblo es la menos transitada por extranjeros, sin embargo fue nuestro hogar durante cuatro noches, tuvimos suerte de encontrar una zona donde aparcar junto a un risco en la zona más sur de la playa, a cinco minutos de un templo con un manantial de agua, la ubicación fue mejor de lo que en un principio pensamos, el risco nos guardaba del sol todo el día y siempre hacía fresco en la furgoneta, un lujo que casi nunca vivimos en este país.

La mayoría de los visitantes se alojan en las otras playas y muchos de ellos se pierden la auténtica atmósfera que se vive en el pueblo. Cada tarde aparecen en el aparcamiento de la playa varios jeeps repletos de hombres y chavales vestidos de negro, llegan, aparcan, salen del coche y comienzan sus rezos y sus ofrendas. Por la mañana se les ve de nuevo yendo de un templo a otro, comprando alguna estampita en los puestos dedicados a los peregrinos, o bañándose en las aguas del Koti Teertha para purificar sus almas. Mientras las gentes del lugar dirigen sus negocios como mejor pueden, cada vez más enfocados al turismo, los restaurantes, todos vegetarianos, van incluyendo espaguetis y pizzas en sus menús, los sastres diseñan prendas más vendibles a los extranjeros que los saris locales. Disfrutamos contemplando, simplemente observando a las gentes desde algún rincón donde pasar desapercibidos, quién nos iba a decir que encontraríamos un Pushkar auténtico, donde nadie te pide una rupia por acercarte a los ghats y donde te invitan a hacerles fotografías sin pedir nada a cambio, ¡esto es otra cosa, la India que nos gusta!

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