Un guía nos dijo que no hacia falta pagar ticket para visitar la mezquita y alrededores de la ciudad, finalmente fuímos con él, a cambio de cien rupías, resultaron interesantes algunas de sus explicaciones, pese a su sospechoso brillo mañanero en los ojos. La principal entrada a la mezquita, profusamente decorada con inscripciones en árabe era grandisima, estaba en un alto por lo que se podía ver la nueva ciudad de Fatephur, cubierta por la neblina. Si la entrada era espectacular, el recinto interior de la mezquita era inmenso, cada lado mediría por los menos doscientos metros de largo y toda ella estaba construida en marmol de distintos colores, aunque predominaba el blanco, el guía nos dijo que la mezquita se construyó a imagen y semejanza de la Meca. Había personas sentadas en el suelo, charlando, muchos buscavidas que intentan sacar algo de los turistas, que aparecían en grupos, aunque ni mucho menos en masas como ocurría con el Taj Mahal. El calor empezó a pretar pero fue una agradable e interesante visita a lo largo de los diversos recintos de la mezquita, que se rodeaba a traves de largas columnadas, distribuidas en Iwanes, al más puro estilo de las mezquitas persas. Tras la visita el guía nos llevaría a varios puestos de trabajadores del marmol, por si comprábamos alguna pieza, que desde luego tenían un trabajo exquisito, como exquisito era el precio que nos pedían por alguna de ellas, exagerado, aunque supongo que algún extranjero despreocupado por el dinero les comprará, no era nuestro caso.

Tras la visita a la mezquita recorrimos los alrededores de la antigua ciudad de Fatephur, que fue abandonada a causa de las sequías de la zona, se podían ver algunas calles en piedra y quedaban en pie algunos edificios y palacios, aunque el estado general del yacimiento dejaba bastante que desear. Nos despedimos de nuestro guía, que además del precio pactado se ganó una propina, y seguimos dando unas vueltas por entre los restos, fue un paseo corto ya que el sol pegaba fuerte, eran las doce de la mañana.

Emprendimos camino al Rajastan y su capital, Jaipur, conocida como la Ciudad Rosa, por el característico color de todas las fachadas dentro del recinto amurallado, en el centro de la ciudad.

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Fecha: 8 de diciembre de 2006

Lugar: Diu, Gujarat, India

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Trabajo en Marmol, Jama Masjid

Nada más entrar en Rajastan accedimos a una estupenda autopista. con dos carriles para cada sentido, una grata sorpresa que nos acompañaría durante gran parte de nuestro recorrido por la provincia, eso si, tuvimos que luchar por un precio justo en cada uno de los peajes por los que pasábamos, siempre, salvo contadas excepciones, nos intentan engañar con lo que hay que pagar en los peajes.

Comimos en un restaurante de carretera y al atardecer llegaríamos a Jaipur, la ciudad rosa, la capital de Rajastan, encontrar un lugar para aparcar fue una odisea, como siempre.