![]() |
| |

Fecha: 18 de Febrero de 2007
Lugar: Fort Cochin - India
Esta idea duró menos de doce horas, por la mañana el gerente del hotel, si es que el lugar se podía llamar así, porque más parecía una feria, nos comentó que era el día de cierre, no podríamos visitar las cuevas hasta el día siguiente, ¡vaya chasco! Quizás fuera mejor así, nos tomaríamos el día de descanso y haríamos la colada y otras cosas que teníamos pendientes. Pudimos descansar porque el autobús, que iba de peregrinación por el estado, se fue a eso de las doce tras visitar el cercano templo de Grishneshwar; la tranquilidad duró hasta las nueve o diez de la noche, momento en el que se repitió la escena de la noche anterior.
La visita a las cuevas nos llevó toda la mañana, casi cuatro horas, comenzamos por las cuevas más antiguas, las budistas, situadas en la zona sur del yacimiento. Las primeras cuatro son muy simples, con apenas una o dos esculturas, a partir de la quinta ya van apareciendo más decoraciones en las paredes, pero nada comparado con el recargamiento desbordado de las cuevas hinduistas y jainistas. La décima cueva nos llamó la atención, el techo parece un gran esqueleto vertebrado, como si estuvieras en la tripa de una ballena. Continuamos nuestra visita huyendo de los gritos enloquecidos de los colegiales, que parecían más interesados en nosotros que en las cuevas, las cuales acabaron resultando, como imaginábamos, un poco repetitivas. Decidimos separarnos, yo me iría hasta la cueva 34, la última, y Rafa seguiría como hasta ahora, calculamos que nos encontraríamos en la número 25. Él en su periplo visitó la majestuosa Kailash, la cueva más importante de Ellora y por la única que hay que pagar, 500 rupias. Yo comencé por las cuevas jainistas, en bastante mal estado de conservación por encontrarse menos resguardadas del sol, el viento y las lluvias, desde allí me dirigí hasta la cueva 29, la más moderna de las cuevas hinduistas y la que más me gustó, con varias paredes con escenas talladas donde no faltaba la vaca sagrada con su bien formada joroba.
Estábamos a veinte de diciembre y pretendíamos pasar las navidades en una tranquila playa de Goa comiendo pescadito, unánimemente abandonamos la idea de visitar Ajanta, esos maravillosos frescos tendrán que esperar a otra visita.

