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Diu está apartado de todo, en el extremo sur de la mitad norte del estado de Gujarat, a más de quinientos kilómetros de la ciudad más cercana, lo que significa un mínimo de diez horas de autobús; quizás por eso son pocos los extranjeros que se aventuran a venir hasta aquí, aunque indudablemente merece la pena el desvío. Se trata de una pequeña isla de diez kilómetros de largo por dos de ancho cuya población principal es la ciudad de Diu que da o recibe el nombre de la isla. Fue de dominio portugués hasta el cercano año de 1961 y las mejores huellas de estos casi cinco siglos de dominación se hallan en las calles de la ciudad, iglesias, edificios coloniales, un fuerte e inscripciones en nuestra vecina lengua.
Dos jornadas completas condujimos para llegar desde Udaipur en Rajastán hasta este lugar, la primera fue rápida, por una autovía excelente hasta Ahmedabad, la capital del estado, y otros tramos de autovía en construcción hacia el este. Esa noche en el camino fuimos invitados a pernoctar junto a lo que había sido un hotel restaurante de carretera, el dueño hablaba un inglés perfecto debido a que había vivido en Inglaterra muchos años. Rafa conversó con él largo rato y pronto se dio cuenta de que le obsesionaba en gran medida el terrorismo internacional culpando, como suele ocurrir en occidente hoy en día, a los musulmanes de todo el terror que asola el planeta. Aunque en desacuerdo total con él no quisimos entrar en polémica, comentamos ligeramente que en todas partes cuecen habas y poco más, sabíamos por experiencia que este tema es difícil de tratar, las personas que están plenamente convencidas de que los musulmanes son en conjunto malos no suelen atender a razones. Este hombre no sería el primero ni el último en declarar su odio hacia Pakistán, nos los habíamos encontrado mucho peores en India; lo que nos parece curioso es que en tres meses en Pakistán nadie nos declarase un rechazo parecido hacia la India.
Dos o tres horas más nos acercaron a la costa, dejamos a la derecha el desvío a Porbandar, ciudad que vio nacer a Mahatma Ghandi, y por fin a las cuatro de la tarde cruzamos el puente que separa la isla de Diu de tierra firme. Un control de policía y un cartel informan al visitante de que entra en una zona con legislación especial que depende directamente del gobierno central en Delhi.
