![]() |
| |
Llegamos a un gran salón de actos al aire libre, donde nos costo encontrar un sitio libre, mucha gente, sobre todo niños tibetanos, estaban sentados a ambos lados de un pasillo que iba a dar a un escenario, que estaba presidido por "altos cargos" budistas, una gran bandera de Tibet presidía todo. Nos quedamos un largo rato disfrutando con los actos, en los que la música se mezclaba con las danzas tibetanas, hasta que decidimos ir a visitar el templo anexo al recinto, repleto de ruedas de oración y donde se repartía entre las personas dhal y arroz, los viejecillos/as se encontraban sentados frente a un buda, decidí que ese era un buen lugar para observar lo que ocurría, amablemente me cedieron un sitio y observaban con curiosidad las fotos que tomaba, muchos monjes estaban sentados en grupo, charlando, mientras otros rezaban, habia un enorme pilar de ofrendas de comida, que la gente iba dejando. Comimos con Roger y Nico en un restaurante con terraza y unas bonitas vistas de Mcleod Granj, al día siguiente la propietaria me conseguiría un preciosa bandera de Tibet.
Me levanté antes de las 7 de la mañana, quería ir a visitar un templo algo alejado del núcleo urbano, todo estaba cubierto de una espesa niebla, por lo que cada vez que veía a un monje era casi cuando estaba a mi altura, aunque alguna veces oía de lejos como hacia rodar su rueda de oración. Al rato de ir andando empecé a ver los Lhungsta colgados entre los árboles, por todas partes, al igual que ruedas de oración de distintos tamaños o piedras Mani, coloreadas con inscripciones grabadas, era el signo inequivoco de que me iba acercando. Había un silencio sepulcral, sólo interrumpido por alguna campana lejana o algun pájaro. en el lugar había un par de Chorten, uno de ellos muy grande y muchas ruedas de oración, que hice rodar, ya que tienen que estar rodando continuamente, algunos monjes se me quedaron mirando cuando me senté junto a uno de los Chorten y empecé a tomar fotografías, se reían y seguían su camino, otros directamente no notaban mi presencia.
Al volver mis compañeras de viaje seguían durmiendo, con lo que segui en solitario mi plan del día, quedaría mas tarde con ellas. Primero fui a cambiar monedas con un tipo con el que habia quedado el día anterior y después fuí a visitar el museo del Tibet, que en su mayoría era un museo denuncia, que explicaba la tragedia del pueblo tibetano, cuando fue masacrado y obligado al exilio en la llamada "Revolución Cultural China" de Mao Zedong.

