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Nos despedimos de Diu pero no del estado de Gujarat, nuestro rumbo este nos llevaría en primer lugar hasta Alang, un puerto en el mar Arábigo famoso en el mundo entero por ser uno de los dos o tres lugares donde llegan toda clase de navíos para ser desmontados y vendidos por piezas más tarde.
Comimos de camino y llegamos a Alang a la hora de más calor, Rafa y yo no teníamos muy claro si entraríamos a visitar el lugar, el precio que nos podían pedir era desorbitado ya que normalmente se exige un permiso especial que cuesta 50$; sin embargo Nico estaba convencido, para él resultaba muy interesante, podría tomar fotografías únicas. Condujimos por una carretera franqueada por tiendas con todo tipo de artículos relacionados con los barcos, desde la vajilla de los cruceros, hasta los salvavidas, las butacas o las máquinas (turbinas, compresores...). En la entrada nos paró un guardia, los cuatro fuimos a la garita donde cuatro hombres nos dijeron que no podíamos acceder al recinto, que necesitábamos el permiso que se obtiene en Ahmedabad, insistimos y al final dijeron que podíamos regresar la mañana siguiente, que en la oficina podrían hacernos el permiso, 50$ la entrada normal, 75$ con cámara de fotos y una barbaridad que no recuerdo con cámara de vídeo.
Regresando a las tiendas de 'cosas' les comentamos a Nico y Esther que nosotros no íbamos a visitarlo, ellos tampoco querían gastarse ese dinero, decidimos pasar la tarde buscando objetos curiosos y luego salir de allí y buscar un lugar donde dormir. Las tiendas son auténticos museos, son como barracones enormes donde se puede encontrar de todo, pudimos comprobar que los griegos y los españoles siempre han estado presentes en el mar, vimos varios carteles en estos idiomas, encontramos cientos de vajillas y mobiliario de grandes cruceros de lujo, espejos, lámparas, ropa de cama y restaurante, herramientas y un largo etcétera que nos mantuvo entretenidos un par de horas. No nos fuimos con las manos vacías, Nico compró unas pinzas para la barbacoa y nosotros nos compramos una minibarbacoa y unas pinzas, ya podríamos asar nuestro propio pescado.
Desviándonos por un camino un par de kilómetros encontramos un lugar para pasar la noche entre unos páramos, algunos hombres que pasaban con los tractores se acercaron a curiosear pero nada agobiante, miraron y se fueron a sus hogares.

