![]() |
| |
Al menos el lugar donde estábamos era espectacular, al borde de un precipicio, rodeados de verdes y empinadas colinas de las que caían abundantes y copiosas cascadas, con pueblos a lo lejos incomunicados, a los que sólo se accede por caminos de tierra, al fin y al cabo estábamos en Himalaya.
Tras unas diez horas se abrió la carretera de nuevo, cientos de coches arrancaron simultáneamente, haciendo más caótico aún el poder salir de ahí, mientras nosotros observábamos el espectáculo aparcados en el mismo lugar, donde queríamos dormir para continuar camino al día siguiente, no fue buena idea, durante la noche comenzó a llover con fuerza y oíamos como caían piedras, decidimos movernos a un sitio más seguro y aparcamos junto a uno de los camiones que estaban quitando escombros, pasamos una mala noche, oyendo como caían piedras continuamente, por la mañana tuvimos que esperar de nuevo a que limpiaran la carretera, en total estaríamos cerca de un día hasta poder continuar camino. Ese día conduciríamos hasta el hotel donde ya habíamos dormido a la ida, por la tarde nos deleitarían con historias de la región, espíritus que vagan en la montañas, encuentros con tigres paseando por las escarpadas laderas, camino de pueblos perdidos en la selva, etc...
Por la mañana coincidiríamos con un grupo de sikhs, camino de Hem Kund, el lugar de peregrinaje Sikh, aprovecharía para que me explicasen el por que de su indumentaria, el puñal que llevan, para impartir justicia, el turbante que cubre unas cabelleras que nunca se cortan y otros aspectos de esta gente, con una fuerte personalidad e identidad.
Nuestra siguiente parada fue de nuevo en el pueblo de Depravayag, donde el Ganges confluye con otro río, volvimos a aparcar en el mismo lugar donde lo habíamos hecho a la ida, pero esta vez nuestra estancia fue algo más agitada, pasamos la tarde saciando la curiosidad de un grupo de niños y mayores, que estuvieron con nosotros hasta bien entrada la tarde.
Continuamos nuestra lenta peregrinación hacia Risikesh, haciendo tiempo para realizar la llamada a la Embajada de Delhi en España, íbamos a diez por hora, realizando continuas paradas y disfrutando del paisaje, no había prisa ninguna. Unos quince kilómetros antes de Risikesh aparcamos en un saliente de la carretera, donde pasamos la noche.

Montando otra pequeña "revolución"
