Sonamarg nos tenía atrapados pero había que continuar, después de tres noches nos lanzamos de nuevo a la carretera. El paso Zoji La se encontraba a menos de veinte kilómetros, lo pasaríamos y buscaríamos un sitio donde parar temprano. Pero nunca se puede hacer planes en las montañas, ya lo deberíamos de saber, media hora después de arrancar nos pararon unos militares, la carretera estaba cortada, las intensas lluvias habían provocado derrumbamientos que taponaban varias partes. Y así pasaron las horas hasta que pudimos avanzar más allá de las cinco de la tarde, y la carretera no estaba en buen estado, las piedras y el barro eran los protagonistas, con gran esfuerzo y varios empujones conseguimos ir venciendo cada obstáculo y avanzar metro a metro.

Cuando llegamos al alto ya casi era de noche, estábamos a 3.530 metros sobre el nivel del mar, un record para nuestra furgo. Tras dudar unos minutos decidimos quedarnos allí a dormir, había una gran explanada horizontal donde aparcar y el paisaje era muy bonito. Aparcamos las furgos una junto a la otra y lidiamos con los chavales que venían a pedirnos unas rupias, se fueron contentos con sus caramelos y unas gorras de propaganda que les dio Roger. Nos preparamos una cena vegetariana, no sé si tocaría pisto, verduras a la plancha o sopa de verduras, seguro que algo delicioso pero ¡cuándo pillaremos de nuevo un entrecot o un chuletón!

Esa noche nos vimos los cinco una película en la mercedes, una muy rara y excéntrica con un título más raro aún, pasamos un buen rato viendo a Dustin Hoffman de psiquiatra tarado.

Por fin llegaríamos a Ladakh al día siguiente, aunque no haya una frontera muy nítida y se considere la misma región (Jammu and Kashmir) en el primer pueblo ya se veían rasgos orientales en muchas caras. El primer pueblo resultó estar unos kilómetros después de pasar un cartel que informaba al viajero de que se halla en la segunda región más fría del planeta, con temperaturas de hasta -60ºC; el pueblo no tenía ningún atractivo, comimos algo e hicimos las compras pertinentes.

Allí no nos demoramos mucho, no así en Kargil, población más cercana a la línea de alto el fuego con Pakistán, un núcleo de comercio con todo tipo de infraestructuras, realizamos unas llamadas a España, nos conectamos sin mucho éxito a internet y Laura se compró los primeros souvenirs, un pañuelo verde y morado y una tela bordada blanca, todo por 300 rupias.

Index crónicas de Asia
Paisajes en Sonamarg
Ir a fotos de la crónica
Volver
Sigue
Volver a Asia