El primer día nos mantuvimos atareados con la colada y demás tareas domésticas, pero a Laura y a mi nos dio tiempo a realizar una escapada valle adentro, un camino bien marcado llevaba hasta otro campamento con unos chiringuitos para turistas donde los indios que venían del sur terminaban su paseo en pony. Desde allí las vistas eran espléndidas, varios glaciares caían montaña abajo para regar los verdes pastos; decidimos hacer una caminata de unas horas al día siguiente hasta un cerro que se veía a lo lejos, junto a unas cascadas.

Por la mañana nos pusimos en camino Rafa, Laura y yo, nosotras íbamos calzadas con sandalias deportivas, el día anterior habíamos observado que el río había crecido tanto por las lluvias que se desbordaba en varios pasos. Nosotras cruzamos andando atravesando el agua gélida, Rafa dio un rodeo, comenzamos a pensar que no podríamos volver a juntarnos nunca cuando el río comenzó a ser más ancho y más bravo, veíamos a Rafa cada vez más lejos, media hora después, tras cruzar un pedregal y pasar junto a un nevero donde los niños se tiraban en trineo, encontramos un puente, volvíamos a estar juntos. Pero duró poco, unos minutos más tarde llegamos a un barranco, para sortearlo nos vimos obligados a ascender, Rafa no quiso venir, prefirió quedarse sentado haciendo fotografías, nosotras muy animadas seguimos. Vencer el barranco fue un poco difícil, no había ningún camino marcado y acabamos descendiendo agarrándonos de las piedras, al otro lado sí encontramos senderos que seguir y así llegamos hasta las cascadas, y luego ascendimos al cerro. El camino discurría por la derecha y pensamos que se abriría un valle enorme con muchas cimas, pero no fue así, suaves colinas escondían lo que había más allá, aún así decidimos subir al cerro, en el camino nos acompañaron dos niños con los que compartimos unos mangos, ellos nos confirmaron que no podíamos circunvalar hasta el otro lado, debíamos regresar por el mismo camino.

La vuelta fue más rápida, al llegar a las cascadas en vez de cruzar continuamos hasta otro asentamiento, desde allí un sendero bien marcado descendía hasta un gran nevero por donde se veían cruzar animales y personas, y así nos lanzamos a andar por la nieve. A mitad de camino nos encontramos con Nico y su cámara, andaba haciendo retratos a las gentes del lugar, en ese punto turistas locales pagaban unas rupias por tirarse en trineo. Regresamos a casa lentamente, el tiempo nos había acompañado, después de la tromba del día anterior ni una gota había caído en esas horas.

Index crónicas de Asia
Sigue
Volver
Alto de Zoji La
Furgonetas esperando
Ir a fotos de la crónica
Volver a Asia