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Al llegar a la estación, también ubicada en una gran plaza, vimos por primera vez los autobuses estilo londinense de dos plantas, que mostraban carteles publicitarios a ambos lados, los había de todos los colores y salían en su mayoría de la entrada de la estación, que nosotros atravesamos entre una maraña de gente, estaba repleta de actividad y las estrucuturas metalicas de los techos de la estación parecían redoblar los ruídos, salimos por uno de los extremos, que iba a dar directamente a la entrada al metro, de la cual no paraba de entrar y salir gente. Continuamos camino, dejando ya Colaba y la región de Kala Ghoda para entrar en una zona más humilde, o al menos no tan glamourosa, donde se acumulaban los grandes bazares, aquí ya se podían percibir con más claridad los elementos que caracterizan a las ciudades Indias, caos y tráfico, fuímos a parar al Crawford Market, colorido mercado cerrado de frutas y verduras. Yo me fui por mi cuenta, perdiendome entre las callejuelas para tomar fotografías, después salí por los alrededores, la llamada al rezo musulmana se mezclaba entre el griterio de los vendedores ambulantes, estaba todo repleto de gente y el calor apretaba sin cuartel, así que no me entretuve mucho.
Tras una reparadora siesta nos acercaríamos a cenar a la Playa de Chowpatty, a saborear el Bhel Puri, plato típico de la región. Nos atrevimos a ir andando desde Colaba y tardamos unas dos horas en llegar hasta la playa. Tuvimos que recorrer un buen tramo de una de las bahías de la ciudad, dejábamos a nuestro paso lujosos hoteles y edificios de oficinas, estaba a medio construir el paseo marítimo, al otro lado de la bahía veíamos la linea iluminada de algunos rascacielos y carteles luminosos de algunas marcas internacionales. La playa estaba repleta de gente, en su mayoria parejas o familias que se acercaban a cenar, tomar un helado o montar en las atracciones que habia distribuidas por la playa. Los chiringuitos eran chillones, algunos de ellos tenían en el mostrador botellas de cristal con distintos siropes, el color que irradiaban parecía muy "natural".

A la vuelta cogimos otro camino, se seguían repitiendo los majestusos edificios, pero esta vez se añadían ingredientes, como los famosos bares de Mondegar o el Cafe Leopold, donde los turistas bebían interminables jarras de cerveza, pasamos por una zona de tenderetes con articulos para turistas, en especial nos paramos en algunos de ellos, que mostraban antiguos objetos de la marina Británica, como relojes de cuerda, catalejos, astrolabios o brujulas, verdaderas obras de arte que se escapaban de nuestro presupuesto. Esa noche cenamos con Nico y Esther en un restaurante junto al hotel, el primer día en Bombay había sido agotador.
Otra mañana visitaríamos la Victoria Terminus, la estación principal de Bombay y el edificio más emblemático de la ciudad, iríamos andando, para hacer una pequeña parada en una de las sinagogas de la ciudad, donde hoy en día siguen viviendo familias judias. Paramos de camino en algunas tiendas de fotografía, Nico quería comprarse una batería nueva y yo me quería agenciar de un filtro polarizador, yo tuve suerte, él no.