Nos metimos en un hotel prefabricado, me explicó, las habitaciones no tenían techo, en lo que tuvo que ser antaño que un taller, diáfano, sin ninguna habitación, habían construído una serie de habitaculos de contrachapado que no llegaban hasta el techo, por lo que se oían todas las algarabas vecinales, en fin, al menos estaba limpio.

Pasamos tres noches en Bombay, casi cuatro días, obviamente nada para una ciudad así, y eso que no paramos de ver cosas y de darnos grandes palizas andando, descubriendo una ciudad que necesita mucho, mucho tiempo para ser descubierta, aun así intentaré hacer un resumen desordenado de todo lo que vimos. El primer día recuerdo que visitamos la Puerta de India, un enorme arco triunfal al borde del mar, en un pequeña bahía que servía de embarcadero a los ferris que se dirigen a diario a las Islas Elefante, una de las atracciones de la ciudad, caminamos por un tranquilo paseo, en donde las casas coloniales, roídas por los años, la humedad y sal marinas se han convertido en hoteles, aunque el Rey de los hoteles estaba unos cientos de metros después, el Taj Mahal, un edificio de ladrillo rojo, de estilo victoriano con una lujosa tienda de Louise Buitton en su planta baja, justo enfrente estaba la Puerta de India, centro de reunión de los turistas Hindus y occidentales y en donde las palomas volaban a sus anchas, tampoco faltaban los vendedores de globos o los fotógrafos ambulantes. Desde aquí salía una calle que iba a dar a una plaza, a ambos lados se repetían los elegantes edificios que en la plaza, ubicada en una zona llamada Kola Ghoda, alcanzaban su mayor esplendor, el museo del Principe de Gales, los cuarteles generales de la policía, el cine Regal, de estilo modernista y un par de ellos más. Continuamos por una calle que estaba repleta de galerías de arte y otros museos, hasta que una pequeña biblioteca del siglo XIX llamó nuestra atención, sólo llevabamos una hora andando y no habíamos parado de ver edificios impresionantes. Pero para este primer día nos faltaba una buena guinda, la visita a la universidad de Bombay, uno de los edificios más espectaculares de la ciudad, que además visitamos al atardecer, por lo que la luz realzaba su color rojo y sus cientos de góticos detalles.

Visitamos la biblioteca, intacta desde que fuera construida, conservaba las mismas sillas y mesas de madera, donde algunos estudiantes leían anchos libros. Los escasos rayos de sol que quedaban entraban entre las vidrieras de colores e iluminaban la sala de un modo especial, enormes enciclopedias como la Britannica llenaban las estanterías y los armarios de madera, también envidriados, resplandecían, todo estaba impoluto, en silencio, evocador.

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Masas de gente en la estacion de Vapi

Ventiladores de los compartimentos

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