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Quizá fue por que no nos habíamos informado mucho sobre que ver o visitar en la mayor ciudad de la India, la cuestión es que pocas ciudades de las que hemos visitado me han causado tanta y tan buena impresión. La primera para mi siempre será Estambul, la eterna, y de verdad que sigo pensando que no hay ninguna ciudad que la pueda igualar en belleza, claro, es mi opinión, recuerdo Alepo o Damasco, Yazd o Isfahan o Katmandu o Varanasi, entre algunas otras, pero Bombay es, a partir de nuestra visita, una de las ciudades claves para mi.
Visitamos la ciudad (no más de un quinto de ella por cierto) con Nico y Esther, dejamos con mucho acierto las furgonetas en Damán, una antigua población, ex colonia portuguesa, que distaba de la enorme urbe 200 Km hacia el norte. Tardamos algo más de cuatro horas en llegar hasta Bombay, dos de ellas recorriendo la megalópolis, volví a recordar los apretujones del metro de Madrid o del cercanías, pero aquí elevados al triple, con empujones, atropellos, que hicieron que Nico y yo alucinaramos en colores y llegasemos a la conclusión de los accidentes que tienen que ocurrir a diario. Tampoco se salvaron de las embestidas Silvia y Esther, que viajaban dos vagones atrás, en la zona reservada a mujeres y niños.
Llegamos a una de las principales estaciones a mediodía, ubicada en un barrio muy cercano a Colaba, el distrito corazón de Bombay y que ocupa la mayor parte del sur de la isla, donde se asienta la ciudad, sobre un cabo que se abre al mar de Arabia. A la salida de la estación había una larga cola de taxis amarillos y negros, como los que antaño recorrían las calles de Madrid, nos sorprendió gratamente el orden de, al menos, esta parte de la ciudad y que luego corroboraríamos en el resto del distrito, no había locos rickshaw, ni vacas deambulando por las calles, los coches circulaban en orden, e incluso la gente tenía un aire distinto, algo había en esta ciudad que no lo hay en las otras que hemos visitado en India.
Cogimos un taxi (por cierto, con taximetro) camino de colaba y ya mientras avanzábamos por anchas calles me empecé a dar cuenta de la grandeza de la ciudad, amplios parques, espectaculares edificios góticos, iglesias, grandes casonas coloniales y un largo etcetera de glamour, reflejado mirara donde mirara, no me esperaba esto, ni por asomo.
No nos costó demasiado encontrar una habitación, eso si, tuvimos que pagarla al precio de Bombay, la ciudad más cara del país.

