En la puerta del cajero había un cartel en hindi que indicaba que el cajero no funcionaba correctamente, pero a nadie se le había ocurrido ponerlo en inglés o apagar la máquina o cerrar la puerta, el banco había indicado al guardia de seguridad que no dejara a la gente entrar o algo así, pero justo cuando ellos llegaron debía andar un poco despistado el hombre, y en el momento en que se dio cuenta y quiso avisarles pensaron que era el pesado de turno y no le hicieron ni caso. Así nos vimos, a las siete de la tarde, en una sucursal bancaria intentando hacernos entender con el responsable, después de diez minutos Rafa y Ana se fueron a comprar los billetes, Marta y yo decidimos que lo mejor era comprobar en internet o por teléfono si se había realizado la operación. De repente me vi sola en la puerta del banco esperando, acabé hablando con los dependientes de todos los negocios que había cerca, una farmacia, una tienda de móviles, un ultramarinos, hasta que regresó Marta. Le habían debitado el dinero, algo más de cien euros, entramos de nuevo al banco y el mismo hombre nos remitió al director de la sucursal que tenía potestad para entregarle las seis mil rupias, como no estaba en ese momento tendríamos que regresar por la mañana. Mientras Marta estuvo ausente Rafa apareció una milésima de segundo para pedirme dinero para los billetes, desapareció de nuevo entre la multitud sin dejar rastro. Cuando por fin regresaron eran más de las ocho y media, traían los billetes, pero de milagro, habían sufrido otra odisea para adquirirlos, de una oficina a otra hasta que dieron con la persona adecuada que les ofreció unos billetes para luego decir que no quedaban plazas y ofrecer otros más caros, por lo que Rafa tuvo que venir a por más dinero, mientras él venía a pedírmelo el vendedor le decía a Ana que no se los vendía, que regresara al día siguiente, la oficina cerraba a las ocho y media y quedaban sólo diez minutos, ella insistió para que los imprimiera segura de que Rafa regresaría a tiempo de pagar, ¡qué difícil es todo en India!

Casi a las nueve nos sentamos agotados en un restaurante para cenar, nos costó un rato relajarnos después de tanto caos y desvarío.

Por la mañana, tras el típico desayuno de café con tostadas nos dirigimos en rickshaw directamente a la fortaleza de Junagarh, no eran ni las nueve de la mañana por lo que nos sentó como un jarro de agua fría comprobar que no se podía visitar hasta las diez. Cambiamos de planes allí mismo y nos fuimos a la ciudad vieja, teníamos un par de horas hasta la hora fijada para ir al banco. Caminamos sin prisa por la ciudad, algunos edificios merecían algo de atención, pero en general no nos pareció nada del otro mundo. Anduvimos hasta los templos jainista y de Lakshminath y tras visitar sus alrededores decidimos regresar al centro.

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Ratas en una verja. Templo de Karni Mata
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Tridentes de Shiva. Templo de Karni Mata
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