![]() |
| |
Bikaner es, junto a Jaisalmer, una de las ciudades del Desierto del Thar, aunque mucho más poblada, sucia y poluta que su vecina del sur. Si incluimos su visita en nuestro tour por Rajastán fue debido a su cercanía al famoso Templo de las Ratas y a su situación estratégica a mitad de camino entre Jaisalmer y Jaipur, desde donde Ana y Marta regresarían a Delhi para tomar su vuelo de regreso. Si no se disfruta de mucho tiempo y se han de descartar visitas, Bikaner es uno de los destinos a sacrificar en un viaje por Rajastán.
La carretera atraviesa el desierto de sur a norte, está en muy buen estado por lo que circulamos deprisa, pocos son los lugares 'turísticos' donde parar a comer y es aquí donde encontramos el restaurante más caro de todos, en nuestra no breve andanza por la India. Se trata de un hotel-restaurante de carretera, con un aspecto muy normal, pero al ver la carta descubres que algo falla, los precios doblan el precio común de los restaurantes para extranjeros. Es obvio que al que confeccionó el menú se le cruzaron los cables, o bien supo incluir este lugar como parada para los autobuses de turistas que viajan durante diez o quince días, a los cuales todo les parece barato o disfrutan de un todo-incluido. Con la boca abierta del asombro salimos escopetados ante las no menos asombradas miradas de los allí presentes. No nos quedó más remedio que parar en un restaurante local donde la comida fue, como es habitual, muy picante.
Llegamos a Bikaner antes del atardecer y, casi por primera vez en Rajastán, encontramos un hotel rápidamente, el hotel Palace View, junto al palacio de Lalgarh, a dos kilómetros del centro. En los alrededores había mucho aparcamiento, sería perfecto para Rafa y para mí. Resultó ser la habitación de mayor calidad de todo el viaje, en una casa de huéspedes donde la propia familia se encargaba de todo.
La facilidad con que nos acomodamos al lugar se equilibró con la surrealista noche que nos esperaba. Un rickshaw nos dejó no lejos de la estación de tren donde pretendíamos comprar los billetes de tren, de camino encontramos un cajero donde nosotros sacamos dinero con la visa, pero donde Ana no pudo usar la mastercard. Frente a la estación vimos una sucursal del banco de Baroda, mientras yo me acercaba a la gasolinera cercana a preguntar si aceptaban el pago con tarjeta Rafa, Ana y Marta entraron en el cajero, cuando regresé había dos hombres junto a ellos, algo iba mal. Marta había introducido su tarjeta, el cajero la había aceptado, había dado por correcta la transacción pero no había entregado el efectivo.

