Ir a fotos de la crónica
 

 

Por la mañana fuímos "educadamente" despertados por unos militares, que con la excusa de trabajar se pusieron a curiosear en la furgoneta. Continuamos conduciendo, camino del segundo puerto que teniamos que franquear, el Lachulung La, de 5100 metros de altura, el camino discurria entre abruptos desfiladeros y las montañas peladas de nuestro alrededor nos resultaban familiares en cierto sentido, algunas zonas nos recordaba la region de Capadocia en Turquía, continuamos ascendiendo con suavidad, algunos tramos carecian de asfalto, pero de nuevo la fortuna nos sonrió y pasamos el puerto con relativa facilidad y los unicos inconvenientes fueron esquivar a los locos conductores de jeep, que arramplan con todo lo que pillan a su paso.

Después del paso el paisaje se abrió, describiendo una enorme planicie a 4000 metros de altura, extensa hasta donde la vista alcanzaba, de fondo, en la lejania, disfrutabamos de los picos lejanos, todo era lunar, sin rastro de vegetación alguna. De nuevo nuestra parada no fue del todo agradable, ya que Darchu, lo que pensábamos que era un pueblo, no eran más que improvisadas tiendas de campaña, cochambrosas y sucias, donde además comer costaba el doble que en otros lugares, hacía un calor horrible, por lo que tras comer unas Dhal continuamos camino, no sin antes sacar una deliciosa foto de un chavalín que nos miraba patidifuso. Nada más dejar Darchu pasamos por el puesto de control que nos despedia de Ladakh, un militar nos aviso que la carretera empeoraba, sobre todo en el puerto de Baralacha La, de 4900 metros, ni nos imaginamos lo que nos esperaba. Es cierto que el puerto empezó duro, justo cercano a un lago, la pendiente era pronunciada y el asfalto no existía, pero luego fue mucho peor, el pequeño barro y las piedras que encontrábamos a nuestro paso dieron paso a auténticos barrizales y a puntiagudas y duras piedras que cubrían la totalidad del firme, había mucho tráfico de camiones y coches y, digamos, siendo muy comedidos, que los conductores Hindús no destacan por su educación vial. Seguimos ascendiendo a duras penas hasta que la crecida de un rio nos hizo parar, parecía demasiado para la furgoneta, la corriente que atravesaba la carretera era demasiado fuerte y no podíamos cotejar la profundidad, ni si quiera comprobar si existían piedras bajo el agua, asi que Laura, nuestra intrepida, se arremango su pantalón hindú y vadeo el gélido río, procedente de agua de glaciar.

Index crónicas de Asia
Sigue
Volver
Carretera inexistente en Baralacha La
Volver a Asia
Lo que creíamos sería un pueblo