Entre
100.000 y 120.000 prisioneros de guerra murieron construyendo el Ferrocarril
de la muerte, unos 16.000 pertenecían a los ejércitos
aliados, el resto eran trabajadores asiáticos: malayos, chinos,
javaneses, vietnamitas, burmeses, indios, etc. Todos los prisioneros
fueron introducidos en trenes en Singapur y conducidos hacinados hasta
un lugar a cincuenta kilómetros al sur de Kanchanaburi, hasta
donde tuvieron que llegar caminando. Una vez allí fueron repartidos
por los distintos campamentos, algunos perdidos en medio de la jungla
a merced de animales salvajes, mosquitos y el monzón.