Un pueblo orgulloso y con fé en su futuro, así se muestran los emiratís desde que pones el pie en su inventado reino, altivos y prepotentes te ponen el sello en el pasaporte sin siquiera mirarte a la cara. Pero éstos no son los únicos emiratís que pueblan el país, las calles las llenan emigrantes venidos de todo el mundo: indonesos, malayos, indios, pakistaníes, bangladeshís, srilankeses, persas, chinos, europeos, rusos, y un largo etcetera que se mezcla sin orden ni concierto en bazares y restaurantes para hacer de Dubai una de las ciudades más vibrantes del planeta. Los emiratos ya no son de los árabes, la población extranjera supera con creces a la población local y, aunque ocupan los puestos de menor "importancia", son una fuerza humana muy poderosa que está construyendo en esas tierras áridas una nueva India o una nueva Indonesia lejos de sus hogares, sin ellos no habría color entre tanto blanco y negro.